Mayo 2016.

Nos han enseñado que el sufrimiento durante la menstruación es normal, que es algo a lo que nos tenemos que acostumbrar durante una semana todos los meses. Miles de veces, nos habrán dicho que nos tomemos un ibuprofeno y a dormir. Por lo que las reglas dolorosas no suponían una señal evidente de que algo en mi cuerpo no estaba bien.

Pero…¿qué pasa cuando nada puede acallar este dolor?  ¿Cuándo va más allá de la semana de regla?  Cuando es tan fuerte, según estudios, como un ataque al corazón.

Jamás pensé que mis dolencias estuvieran relacionadas con un problema ginecológico. Sí, por supuesto que la menstruación me dolía pero como a todas mis amigas, pensaba yo. Lo que hizo saltar mi señal de alarma fueron los constantes dolores por las mañanas, los pinchazos en la parte baja de la espalda, el dolor después de mantener relaciones, las nauseas, la diarrea y algún sangrado fuera de esos días del mes.

¿Seré celiaca? ¿Intolerante a la lactosa? Fueron las únicas opciones que barajaba ya que solo era por las mañanas cuando sentía esos dolores tan fuertes que yo confundía con gases. Así que un día, por fin, fui con mi madre al médico de cabecera.

Le conté mi malestar corporal y me mandó unos análisis completos de sangre y orina y una ecografía abdominal para ver que mi estómago e intestinos estaban en su sitio. Además de recetarme unas pastillas que me ayudaban a hacer la digestión.

Siguiendo sus indicaciones, me presenté en la consulta para hacerme una ecografía. Me tumbé en la camilla  y el médico realizó su trabajo. Me pasó una y otra vez el transductor por la zona abdominal y de repente:

-¿Te duele cuando lo paso por aquí?

-Sí-. Joder que si dolía… Le respondí asustada viendo como él cada vez hacia más hincapié en esa zona, donde está situado el ovario izquierdo.

-¿Tienes constantes ganas de hacer pis?.

-Sí-. Parecía que todo iba cobrando sentido, pero no entendía el porqué de sus preguntas.

-Ya te puedes vestir.- Me dijo, aunque en su mirada notaba cierta preocupación.

Me senté en la silla con mi madre al lado y profirió: He encontrado un bulto de 7 centímetros de diámetro que te está oprimiendo la vejiga. No sé lo que es y tampoco tengo utensilios para saberlo, deberías ir al ginecólogo.

¿Qué? ¿Un bulto? 

Al día siguiente conseguí cita con la ginecóloga. Tengo 20 años y era la primera vez que iba en mi vida.

-Hola, vengo de hacerme un ecografía y me han dicho que me han encontrado un bulto.

-Vale, túmbate.

Y así fue como la doctora me dijo utilizando unas palabras que fueron como el tirón que sentimos al depilarnos con cera, como si todos los días diera malas noticias, sin ningún tacto. Sin vaselina. Zasca.

-Tienes un quiste de 7 centímetros en el ovario izquierdo y otro de 3 centímetros en el derecho. Hay que operar. Quizás pierdas el ovario izquierdo, pero no te preocupes que el otro suple la función. No afectará en tu fertilidad. Son quistes muy redondos, descarto que sean malignos, parece ENDOMETRIOSIS. Se conocen popularmente como, quistes de chocolate. A lo mejor con ese nombre os suena más.

¿Endoqué? ¿Quistes de qué? ¿Cómo me puede caber algo de 7 centímetros en mi interior y no darme cuenta? ¿OPERARME?

Me derivó al ginecólogo de la consulta contigua que es cirujano. “Pide cita y comienza con el preoperatorio. Cuanto antes mejor.”

Me puse a llorar.

Y así fue, como me dí cuenta de la importancia de las revisiones ginecológicas. Salí entendiendo que los dolores que había estado soportando no eran normales, que no estaba loca, que por fin sabía que no estaba sana.  Lo que más me asustaba era tener que pasar por quirófano y el hecho de perder un ovario. Ella no me explicó en qué consistía la endometriosis, solo me dijo que tenía que quitarme esos quistes y que era propensa a que me salieran más.

Desde ese día y debido a esta ausencia de información médica, Google se ha convertido en mi gran amigo para entender esta enfermedad y  sobre todo mis dolores, algunos tan inexplicables. Las experiencias de otras compañeras, que viven día tras día con endometriosis me ayudaron mucho en el proceso por lo que siento que estoy en deuda con vosotras.

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Por eso nace este blog, para resolver dudas, comunicarnos, contar nuestras experiencias, y sobre todo para hacernos ver que no estamos solas.

NO es una mala vida, sólo es un mal día. 

Os invito a participar, estaré encantada de leeros.

 

 

 

 

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