Me sorprende estos días el debate que se genera en torno a la gestación subrogada o los llamados durante toda la vida vientres de alquiler. Este termino ha sido desterrado pues tiene una connotación peyorativa; el alquiler implica la posesión temporal de un bien o servicio a cambio de dinero. Dicho argumento es utilizado por los que están en contra de esta práctica pues piensan que las mujeres pueden convertirse en esclavas. Esclavas de parejas ricas dispuestas a usar su útero para concebir un bebé, un bebé que será para ellos. Un bebé esperado, soñado y deseado como el que más.
Acaso esta no es una situación hipotética para echar por tierra los sueños y posibilidades de todas aquellas mujeres incapaces de concebir que desde siempre han deseado ser madres pero el destino, tan caprichoso, se lo ha impedido. O de aquellos hombres que por circunstancias de la vida no han encontrado a una mujer -o no la han buscado- con la que compartir tan ansiada paternidad. Probablemente quienes se opongan nunca se han visto ante tan difícil situación.
Se propone como alternativa la adopción, un procedimiento igual de válido pero que tal y como están las leyes hoy en día también implica dinero y desgraciadamente tiempo, mucho tiempo. Y además, por qué sólo han de adoptar las parejas incapaces de concebir y se les juzga si desean tener un hijo con sus ojos, con su nariz, con sus mismas manías… ¿Acaso no pueden adoptar quienes sí pueden tener hijos? Podríamos usar el mismo argumento.
También, me resulta difícil de entender si tanto hemos defendiendo que las mujeres seamos dueñas de nuestro cuerpo; si nosotras parimos, nosotras decidimos; ¿por qué no íbamos a poder decidir libremente el querer ayudar a una pareja?
Se ha planteado que esta gestación subrogada ha de ser de forma altruista. Y  ha parecido una propuesta increíble, utópica. Qué os importa si una hermana o una mejor amiga está dispuesta a ello. Qué os importa si una mujer desea hacer feliz a dos personas, o a una. Tal vez más utópico sea el argumento en contra (que he leído por ahí) de que en la India hay granjas de mujeres. Para eso están nuestras leyes, para regular y evitar estos abusos.
La hipocresía, el egoísmo y la falta de empatía están ganando la batalla. ¿Por qué habría que prohibirse? ¿Por qué es tan increíble que alguien nos quiera ayudar a las mujeres infértiles? ¿Por qué esta vez no estamos luchando todas juntas por nuestra libertad de decisión? ¿Por qué ponerse en lo peor?
Duele leer ciertas opiniones, duele ver como se abría una posibilidad para cumplir los deseos de muchas futuras madres y padres. Y duele más ver como las opiniones de pocos, pero que gritan mucho, están cargándose una opción tan válida como la adopción por la que algunos llevan años esperando.
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